jueves, 26 de julio de 2012

Cuatro parroquias - Buen Pastor

La división de la Ciudad en "intramuros" y "extramuros" quedaba, tras el derribo de las murallas en 1863, en el olvido. Comenzaba la expansión de la urbe, crecía el número de habitantes y era necesario para la atención espiritual del vecindario ampliar el número de parroquias.

En el Arreglo Parroquial diocesano de 1881 se acuerda erigir una parroquia en la zona resultante de las marismas próximas a Amara y se nombra a don Martín Lorenzo de Urizar cura ecónomo, que en un principio ejercía sus funciones en la parroquia de Santa María y mientras se encontraba dinero para levantar el nuevo templo se habilitaban provisionalmente como parroquia los bajos de la casa número 44 de la calle de San Marcial, esquina a Urbieta, propiedad de doña Trinidad Anabitarte, casa que después y durante años se convirtió en una famosa pastelería, "La Dulce Alianza". Se abrió esta parroquia el 17 de Julio de 1885, siendo el primer bautizado en la misma el niño Juan Francisco Berraondo Insausti.

Aquella modestísima parroquia era atendida por las Siervas de María, vecinas de la misma, pues ocupaban el primer piso, hasta que se terminó su convento en la calle San Martín número 45, que actualmente ocupan. Aunque las funciones solemnes se seguían celebrando en la parroquia de Santa María, aquella humilde iglesia vio cómo un día de 1886 asistía a la misa la archiduquesa de Austria, madre de la reina María Cristina, que había viajado a España para asistir al bautizo de su nieto el rey Alfonso XIII.

Aquella parroquia que estaba bajo la advocación del Sagrado Corazón era a todas luces insuficiente para la creciente feligresía por lo que se gestionó que hasta que se construyese  la iglesia definitiva proyectada, se levantara aunque fuera provisionalmente un templo mayor. El Ayuntamiento cedió los terrenos que había junto al mercado de San Martín que daban entonces a la llamada calle del Príncipe, que hoy ocupan la pescadería. Rápidamente se comenzó a trabajar y se llamó a un arquitecto de Bayona para que hiciera los planos del nuevo templo. Don Luis Murugarren dice que no se sabe si aquella iglesia se construyó con arreglo a los planos del arquitecto francés pero que "ofrecía el mismo aspecto y ambiente de las típicas parroquias de Laburdi, con su maderamen oscuro y sus falerías"
PARROQUIA DE LABURDI


Las obras se hicieron con rapidez y el 25 de marzo de 1888 el periódico "La Voz de Guipúzcoa" decía: "Hoy domingo, a las once de la mañana, se verificará la bendición de la parroquia provisional del Ensanche. Asistirá a la ceremonia una comisión del Ayuntamiento. Ayer tarde aún trabajaban numerosos obreros en la fachada del edificio, dando la última mano". Un cronista testigo del acto escribió: "Del provisional edificio nada decimos, sino que es espacioso y, como interino, puede pasar, si bien no reúne todas las condiciones necesarias para un templo. Una comisión del Ayuntamiento asistió al solemne Te Deum que se cantó a gran orquesta, dirigida por don Julián Martinez".

Tenía un coro bastante amplio y un pequeño órgano, y los domingos cantaban la misa mayor y las vísperas los alumnos del colegio de los Marianistas, que se había inaugurado en 1887.

En esta parroquia, modesta y provisional, se celebró a los pocos meses de inaugurarse una boda de campanillas. El 21 de septiembre de 1888 contraían matrimonio Alvaro Lorenzo Rafael Ramón Figueroa y de Torres y Casilda Rigoberta Alonso Martinez y Martín, él de 25 años y ella de 21. El novio sería durante casi cuarenta años uno de los más importantes políticos de nuestra historia. Era el conde de Romanones, que casi todos los veranos venía a nuestra ciudad, donde nacieron algunos de sus descendientes y que aquí se hallaba en 1950 cuando se sintió gravemente enfermo y que trasladado urgentemente a Madrid falleció a los pocos días.

El barrio de San Martín se iba llenando de casas y el ensanche llegaba ya casi hasta Amara. La población aumentaba y la parroquia se iba quedando pequeña. La Junta de Fábrica de la parroquia trabajaba para llegar a tener un nuevo templo, de mayores dimensiones y con capacidad suficiente para la feligresía. Se llegó a un acuerdo con el Ayuntamiento, cediendo el municipio 2.000 metros cuadrados de terreno para levantar la nueva iglesia. Se anunció un concurso de proyectos y se premió con 1.000 pesetas el presentado por el arquitecto don Manuel Echave, que es el que se realizó. La primera piedra se colocó el 29 de septiembre de 1888 asistiendo al acto la Reina Regente con su hijo de dos años y cuatro meses que firmó, llevada su mano por su madre, el acta, siendo éste el primer documento oficial en el que aparece la firma de Alfonso XIII.


En la caja de plomo que se colocó junto a la piedra se metieron los retratos del Papa y de la Reina con sus hijos, varias monedas de la época y un número de la "Gaceta" de Madrid y del "Boletín Eclesiástico". El notario Orendain levantó acta del acontecimiento y el obispo de la diócesis, don Mariano Miguel Gómez, pronunció una elocuente homilía, poniendo tanto ardor en sus palabras que de un manotazo se le cayó la mitra, produciendo la escena la consiguiente hilaridad entre los asistentes entre los que se encontraban, además de la real familia y autoridades, el infante don Antonio de Orleans y varios ministros.


La construcción de la nueva parroquía, que cambió el nombre de Sagrado Corazón por el de Buen Pastor, duró nueve años, inaugurándose el 30 de julio de 1897. Casi de noche, pues eran las cinco de la mañana, se celebró la consagración del nuevo templo, ceremonia que duró hasta bien entrada la mañana. Fue a las 11 cuando llegó la familia real. Doña María Cristina, Reina Regente, vestía un traje morado con adornos blancos y encajes y una capota también morada; su hijo, el rey-niño, llevaba el uniforme de alumno de la Academia de Infantería, luciendo el Toisón de Oro, y las infantas María de las Mercedes (princesa de Asturias) y María Teresa llevaban trajes azules.


A la puerta de la iglesia estaba el clero con el arcipreste don Martín Lorenzo de Urizar y las autoridades, el gobernador civil conde de Ramiranes, el alcalde don Severo Aguirre Miramón con los concejales y los maceros en traje de gala y los atabaleros que hacían sonar el silbo y el tamboril.


La familia real, tras revisar la Reina a una compañía del Regimiento de Valencia que le rindió honores, penetró en el templo bajo palio. En ese momento, mientras las campanas volteaban y se disparaban cohetes, la banda del Regimiento interpretó la Marcha Real. En el presbiterio se había preparado un dosel de terciopelo rojo, situándose los maceros en las gradas. El obispo de la diócesis, don Ramón Fernández de Piérola, ofició la misa, cantándose durante la misma diversos motetes por voces infantiles y por los tiples Miguel Dolagaray y José Ansón.


Por la tarde tuvo lugar una solemne procesión para trasladar el Santísimo desde la parroquia provisional, situada en el edificio del mercado de San Martín, al nuevo templo. El obispo, bajo palio, llevaba la custodia y detrás iban las autoridades. Un potente foco eléctrico puesto en la iglesia proyectó un haz de luz sobre el palio. La plaza estaba iluminada a gas y de mástil a mástil había una línea de farolillos a la veneciana. Coronaba la torre de la iglesia, que estaba inacabada, una gigantesca cruz formada por lámparas incandescentes rojas y blancas. La procesión recorrió las calles de Urbieta, San Marcial y San Ignacio de Loyola y en el transcurso de la misma se dispararon veintiún chupinazos desde la torre.


Por la noche hubo fiesta en la plaza, que estaba profusamente iluminada, luciendo una de las casas una inscripción que decía "Al Buen Pastor". Se quemaron fuegos artificiales y el correspondiente toro de fuego. Cantó el orfeón y una banda de música situada en el atrio de la iglesia animó la fiesta, bailando la gente joven hasta las 11 de la noche. Los actos religiosos siguieron los días 31 de julio y 1 de agosto, con una misa de pontifical y otra mayor y sermones de don Jesús María Echeverría, don Isidro Múgica, lectoral de Palencia, y el P. Cesáreo Ibero, jesuita.


La iglesia había costado 1.400.000 pesetas y se debían en el momento de su inauguración 600.000, de las que 500.000 correspondían a obligaciones al 4% y el resto al contratista don Eduardo Olasagasti.


La cimentación de la iglesia profundiza desde la rasante de la calle ocho metros y medio y descansa sobre un banco de arena comprimida; el espesor de estos cimientos varía de uno a tres metros según los lugares, siendo la construcción de mampostería caliza y cemento hidraúlico. Todo el edificio es de piedra sillar de las canteras de Igueldo. Las bóvedas están construidas con toba fosilífera traída del pueblo burgalés de Ocio y el pavimento está sostenido por solivería metálica y bovedillas de ladrillo y hormigón hidraúlico sobre el cual va la entablación del piso, de madera de roble, a excepción del presbiterio que era de pino del norte. Hace unos años se cambió el suelo de madera por otro de piedra.


La planta del templo forma una cruz latina, teniendo tres naves desde la puerta principal hasta el crucero y cinco desde éste al ábside. La longitud de la nave central es de 77,80 metros, la de las laterales de 61,60 y la de las terceras de 29,50. La nave del crucero tiene una longitud de 36 metros por una anchura de 12. El perímetro cubierto alcanza una superficie de 1.915,29 metros cuadrados, sin contar la sacristía y la sala capitular que se hallan a ambos lados del altar mayor. La altura del crucero, desde el pavimento a la clave de las bóvedas es de 24,40 metros, la de las naves laterales de 11,60, la de la cripta que se halla bajo el templo de 5,75 y la elevación de la torre en el momento de la inauguración de la iglesia era de 55,70 metros, pero al terminar la construcción es de 75 metros.


A los dos lados de la puerta principal se abren las entradas a las escaleras que suben a la torre y coros y la capillita del baptisterio que tiene en el centro la pila y va cerrada con una verja de hierro, estando decoradas sus ventanas con transparentes con escenas del Jordán.


En el centro del presbiterio, que tenía su graderío y zócalo de mármol rojo de San Marcos y antepecho de hierro colado al estilo del templo, que es gótico ojival, y matizado de oro, se levantó un gran altar con la imagen del Buen Pastor. En las vidrieras se veían efigies de los Sagrados Corazones de Jesús y María y los doce apóstoles. Al lado del altar mayor había dos altares, uno el de la Sagrada Familia y otro de las Animas del Purgatorio. Se hicieron luego otros altares dedicados a San Antonio, San Francisco, Santa Teresa y el Perpetuo Socorro. Ninguno de ellos existe hoy, quedando los dos primeros citados y los del Sagrado Corazón y la Inmaculada Concepción. Con los años, se ha agrandado el presbiterio y ha desaparecido el púlpito.


Cuando se inauguró la iglesia, la torre no se había terminado de construir. Fue el 3 de mayo de 1899 cuando se acabó. Ese día se izaron dos banderas, la española y la de la matrícula de San Sebastián, y los donostiarras se acercaron a la iglesia para verla prácticamente terminada. Merced a aquella artística aguja quedaba rota la monotonía de líneas horizontales que ofrecía entonces la silueta de San Sebastián. Todavía no podía apreciarse con detalle la gallardía de la torre, pues no habían quitado los andamiajes que la rodeaban, faltando además los cuerpos sueltos o torrecillas que iban a colocarse en los ángulos de la base de la aguja.


En lo alto de la torre se había colocado un pararrayos, lo que no gustó a mucha gente, pues querían que allí se hubiera puesto una cruz. En "El Correo de Guipúzcoa" y en "La Constancia" se publicaba una carta de un lector que decía: "Publique la protesta que me sale del pecho precisamente en la festividad de la Santa Cruz, al ver colocado hoy mismo en el lugar de la Santa Cruz de la torre de nuestra parroquia del Buen Pastor sólo el pararrayos, cual en ninguna torre de iglesia católica, cuando mayormente nos vemos tan heridos los españoles bajo los rayos de la Justicia divina, encendidos en nuestros durísimos pechos en el término señaladamente de todo este siglo de un reinado tan continuado de apostasía legal".


Se contestó diciendo que los templos cuyas torres no acababan en aguja sino en cúpula, como las de Salamanca, Córdoba, Cádiz, San Marcos de Venecia..., sí llevaban la Cruz, pero en las iglesias cuyas torres eran agujas, no la llevaban y citaban las de Milán, Burgos, Colonia. Las torres más altas del mundo que alcanzaban los 156 metros, 80 más que la del Buen Pastor que tenía 76, terminaban en un pararrayos. Se decía además que dada la altura de la torre, necesitaría para que la Cruz se viera desde la calle tener una altura de más de cuatro o cinco metros, lo que ofrecería mucha cara a los vendavales y haría peligrar toda la forma aguda de la torre.


Unos meses más tarde se colocaron las campanas, regaladas por la Diputación y el Ayuntamiento, que fueron bautizadas el domingo 1 de octubre de 1899. El hecho se celebró con una campaneo incesante durante todo el día. Asistieron al acto el alcalde, conde de Torre Muzquiz, el clero de las parroquias y numerosos invitados. Siro Alcain escribió: "Nada agradable resulta el sonido de las campanas, que es lúgubre y triste. Será tal vez porque estamos acostumbrados desde la infancia al alegre tañido de las de Santa María que al primer toque despiertan en nuestro corazón donostiarra un verdadero entusiasmo de amor patrio, cual sucede al oír entonar el popular "Iriyarena".


La torre costó 93.000 pesetas de las que 85.000 fueron recaudadas por suscripción popular.


La cripta terminó de construirse unos meses antes que la torre. La obra la dirigió el arquitecto don Manuel Echave con el concurso del cantero don Juan Antonio Zumalabe y del tallista don Julio Gargallo. Era de un estilo mezcla de bizantino y ojival, con mármol rojo de San Marcos y blanco de Carrara. El primer enterramiento que se hizo fue el del matrimonio mejicano Arenas, el 23 de febrero de 1899. Luego vinieron otros, familias del duque del Infantado, señores de Satrústegui, Eizaguirre, Zavala, etc. benefactores de la parroquia.


Los párrocos que el Buen Pastor ha tenido han sido don Lorenzo de Urizar Zalduegui, don Ignacio Lasquibar Olaciregui, don Román Laspiur Mendiguchía, don Jaime Saez Goyenechea, don Miguel Altuna Lizarraga y don Bartolomé Auzmendi.


Los de más dilatado mandato han sido los reverendos Urizar, de 1883 a 1922, y Lasquibar del 23 al 53.


Erigida la diócesis de San Sebastián el 2 de noviembre de 1949, segregada de la de Vitoria, el Buen Pastor se convirtió en catedral.


("Del San Sebastián que fue". JUAN MARÍA PEÑA IBAÑEZ)














No hay comentarios:

Publicar un comentario