jueves, 26 de julio de 2012

Cuatro parroquias - San Sebastián el Antiguo

La parroquia de San Sebastián el Antiguo tiene unos orígenes un tanto discutidos por los historiadores. "Situada sobre las peñas del mar", escribe Camino, "y fuera de la ciudad, creen algunos es la primitiva que se hubiese levantado en estos contornos, ni faltan quienes se persuadan de haber sido aquel sitio el primero en que se fundó dicha ciudad, y que de ahí le quedó el nombre de San Sebastián el Antiguo". Algunos creen que esta iglesia es a la que hace mención la escritura de los votos al monasterio de San Millán por el Conde Fernán González, otorgada el año 934.

Aquella primitiva parroquia se convirtió en conventual y franciscana en virtud de una Provisión Real de doña Juana en 1515 y de un Breve de León X a año siguiente, por el que autorizaban a los franciscanos su establecimiento en la Iglesia de San Sebastián, que a la sazón contaba con treinta y cinco parroquianos o familias, dice Luis Murugarren. Estos frailes fueron sustituidos por monjas dominicas, que dependían del convento de San Telmo.

Sigue contando Murugarren que desde 1615 la custodia de los vasos sagrados, ornamentos y joyas pasó de las dominicas a la serora, pero en la parroquia no abundaron nunca los objetos de plata. Entre las reliquias destacaba "un braco con reliquia de San Sebastián" y los ornamentos y manteles eran "biejos y ya andados", aunque algunas mujeres entregaban sábanas para paños de altar o velos de la Virgen. Contaba la iglesia, sigo al autor citado, entre sus mejores piezas un Cristo de ébano y un rosario de coral, de ciento diez cuentas y con cruz de plata dorada.

La Iglesia se alzaba donde hoy está el Palacio Real y contaba además del altar mayor y  su capilla dedicada a San Sebastián con otras dos, una en la que se veneraban a San Antón y a San José y la otra a la Virgen del Rosario.

El día de San Sebastián, 20 de Enero, se celebraba una solemne procesión desde las parroquias de Santa María y San Vicente al Antiguo, yendo ambos cabildos que llevaban la reliquia del Santo "seguida de un gran concurso del pueblo por las riberas del mar", escribe Camino.

Aquella iglesia, según la descripción de Camino, se reducía "a una nave sola, pero espaciosa, con un pórtico muy capaz y encima una torre que en algún tiempo debió ser muy alta o no se concluyó enteramente". Camino escribía esto a finales del XVIII y otro cronista posterior, don Serapio Múgica, casi un siglo después decía que en la citada iglesia, entrando a la izquierda "había una ventana y dentro un hueco redondeado, en donde entraban la cabeza los que sufrían dolor de cabeza".

Esta iglesia quedó destruida en la primera guerra carlista y entonces se levantó una capilla provisional a la que sucedió la actual parroquia, cuya primera piedra se colocó el 24 de Septiembre de 1888. Fue solemne el acto que se inició a las 10 de la mañana, cuando llegó procedente de Ayete en un coche, precedido de la escolta real, el Rey-niño, en brazos de su ama, la princesa se Asturias, María de las Mercedes, y la infanta María Teresa. En otros coches llegaron la infanta Eulalia, los generales Córdoba y Castillo, y las damas de la Corte, que fueron recibidos por el presidente del Gobierno, don Práxedes Mateo de Sagasta, y las autoridades locales. Bajo palio, entró la real familia a aquella capilla, a la que iba a suceder la nueva parroquia. Ofició la misa el vicario del Antiguo, reverendo José Aristizabal, corriendo la parte musical a cargo de la orquesta del Casino.

Terminada la misa, las reales personas e invitados fueron al lugar donde se iba a proceder a colocar la primera piedra. Se habían puesto mástiles con gallardetes, formando un círculo, en medio del cual se levantaba un solio de raso carmesí, estando a un lado una cruz de madera adornada de hiedra y cerca la piedra sostenida por una grúa pintada de blanco y adornada con escudos y banderolas. Frente al solio había dos soportes, uno con una artesa conteniendo argamasa y otro con una caja de hierro que luego fue encerrada dentro de la primera piedra en un hueco abierto exprofeso, conteniendo un ejemplar de los periódicos del día, del boletín eclesiástico de la diócesis, de la "Gaceta de Madrid", los retratos de la Reina Regente con Alfonso XIII en brazos, el del Papa León XIII y varias monedas de la época. Al lado de la caja había una paleta de plata con esta inscripción: "Colocación por S.M. la Reina Regente de la primera piedra del templo parroquial del Antiguo. San Sebastián, 24 de septiembre de 1888".


La Reina doña María Cristina, que había llegado momentos antes por haberse encontrado indispuesta, tras rezar las preces de ritual los párrocos de San Vicente y Santa María, cogió a su hijo en brazos y echó argamasa con la paleta sobre la piedra y tras tirar de las cintas, cayó ésta al alveo. El notario señor Orendain levantó acta que firmaron la familia real y los invitados, con lo que terminó la ceremonia.


Una año después se inauguraba la nueva iglesia. El 7 de septiembre de 1889 a las cinco de la tarde llegaban a la plazoleta que había delante del templo la Reina Regente con sus dos hijas acompañadas de su séquito siendo recibida la real familia por el ministro de Marina, autoridades locales y el obispo de Vitoria. A la gente que se hallaba en la plaza llamó la atención la presencia de un guardia suizo que lucía un tricornio adornado con plumas blancas, casaca y calzón colorados, espada, bastón y alabarda.


La ceremonia religiosa dio principio dando el obispo y clero una vuelta por el exterior de la iglesia bendiciendo sus muros. Se abrieron luego las puertas del templo penetrando en el mismo la real familia y séquito, el obispo, clero y autoridades. Después de la ceremonia de bendición y consagración del templo penetró en éste el pueblo fiel. Poco después la Reina y séquito, precedidos de la Escolta real, regresaban al palacio de Ayete, su residencia pues todavía no se había levantado el de Miramar.


Al día siguiente a las 9 de la mañana, se celebraba la primera misa en la nueva parroquia asistiendo las mismas personalidades que la víspera más el presidente del Gobierno, don Práxedes Mateo de Sagasta. La Reina y sus hijas ocuparon un trono levantado a la derecha del presbiterio. Durante la misa rezada que celebró el obispo y la reserva del Santísimo intervino la orquesta que dirigía el maestro Bretón, cantando varios motetes el tenor Tabuyo. Terminada la misa, la Reina salió bajo palio acompañada del obispo.


El barrio del Antiguo quiso celebrar el acontecimiento religioso con diversas fiestas que se celebraron por la tarde y a las que se unió la Reina Regente pensando tal vez que pronto, cuando se realizaran las obras del Palacio de Miramar, sería una vecina más de aquél. Las fiestas se iniciaron a las 4 de la tarde y desde una tribuna que se había levantado siguió doña María Cristina el variado programa que comenzó bailándose un aurresku en el que lucieron sus habilidades coreográficas robustos mozos y mozas del barrio. Concluido el baile se corrieron dos bueyes que propinaron más de un susto a los valientes imitadores de Cúchares. Luego vinieron los bailables que interpretó la banda municipal dirigida por el maestro Juan Guimón. La Reina pidió que se repitiera el Guernikako que había interpretado la banda y que había coreado el público. Por la noche, la iglesia se iluminó con vasos de colores, luciendo también vistosas iluminaciones el palacio de Satrústegui y la cárcel. Los caseros de las proximidades del Antiguo, desde Igueldo hasta Ibaeta, desde Lugariz a Ayete, encendieron hogueras.


La torre de la nueva parroquia fue construida años después, y en 1964 el interior de la iglesia ha sido totalmente reformado con criterios muy modernos.


("Del San Sebastián que fue". JUAN MARÍA PEÑA IBAÑEZ)







1 comentario:

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