jueves, 26 de julio de 2012

Cuatro parroquias - San Vicente

En este capítulo voy a escribir sobre algunas parroquias e iglesias de San Sebastián, dejando varias en el olvido ya que este libro no es una guía de la ciudad. Y la primera parroquia a la que me referiré será a la de San Vicente, sobre cuyo nacimiento hay sus dudas. En la donación de Leyre se dice : "...et illam Villam quam antiqui dicebant Izurum cum Ecclessis suis, scilibet Beatae Mariae et sancti martyris Vicenti ...." Y como la donación de Leyre es de 1014 nos encontraríamos con que esta iglesia nació a comienzos del siglo XI. Como en la confirmación que el rey navarro-aragonés Pedro Ramirez hizo de la "donación de Leyre" en 1101 no se citan esas iglesias, la M. Asunción Arrázola cree que en esa fecha no existían todavía. Parece que nació la Iglesia de San Vicente en la segunda mitad del siglo XII contando con una primera feligresía compuesta en su mayor parte de francos y gascones, mientras que la parroquia de Santa María la integraban nativos y navarros.

El hecho cierto es que cuando se quemó la villa de San Sebastián en la noche de San Marcial de 1278, según escribe Luis Murugarren, se dijo que "se quemó e cayó la portada principal de la yglesia de Nuestra Señora Santa María", y se sobreentiende que San Vicente quedó arruinada. Según José Antonio Camino la iglesia se erigió nuevamente hacia el año 1507 sobre los restos de la anterior. Se firmó un documento en el que intervienen de una parte los alcaldes ordinarios de la villa, don Miguel Ochoa de Olazabal y don Iñigo Ortiz de Salazar, el jurado del Corregimiento don Juan Martinez de Ayerdi, el vicario de la iglesia don Pedro Soravilla y el mayordomo maestro don Pedro de Albiz. Y por la otra los constructores don Miguel de Santa Celay, arquitecto, y don Juan de Urrutia. El compromiso fue construir la iglesia en dieciocho años. Dice Camino que "el pórtico, que es un disforme promontorio sostenido sobre tres arcos, es obra mucho más antigua, y en su interior y a la entrada de la iglesia se ve una fachada trabajada más modernamente, y de orden corintio, bien que, según el gusto de inteligentes, había de ser dórico, por ser dicha iglesia dedicada a mártir cuya fortaleza pide la más severa arquitectura, que es el motivo de que la grande obra del Escorial, consagrada al Mártir San Lorenzo, saliese ajustada a las proporciones del mismo orden dórico; costumbre tomada de los antiguos romanos, que a sus dioses guerreros y belicosos erigían monumentos más serios y robustos, y a los pacíficos otros más floridos y graciosos en el adorno de columnas, chapiteles y frisos".

El altar mayor es posterior, de 1584, y es obra de los escultores don Antonio de Bengoechea y don Juan de Iriarte. En el altar de las Animas hay un medallón con Nuestra Señora del Carmen sobre las nubes, obra del escultor don Felipe de Arizmendi, un artista donostiarra que dejó abundantes pruebas de su genio en los pasos de Semana Santa, la mayoria de los cuales fueron destruidos en 1813. Este artista murió en la mayor miseria en el hospital de San Martin en 1725.

"Dentro de esta iglesia, y al pie del altar mayor", escribe Camino, "permanece todavía una lápida de mármol blanco salpicada de sangre, que, según la tradición, derramó allí un sacrílego homicida, quitando lastimosamente la vida a un sacerdote dentro del mismo santuario; trágico suceso que alguna vez ha sido asunto de las exclamaciones de oradores sagrados en los púlpitos más notables de España; un predicador grave le acomodó en Salamanca a un sermón sobre la Venganza".


A lo largo de los últimos cuatro siglos se han llevado a cabo en la iglesia numerosas obras y entre ellas citaré la construcción de una portalada ante la puerta principal en 1619, la sacristía en 1666, la escalera del coro en 1784, las torres de la iglesia en 1856, se construyó en 1891 un bautisterio, se cerró y cubrió un pequeño espacio que quedaba en la fachada norte en la calle del 31 de agosto, en contacto con la fuente pública y que antes sirvió de depósito de aguas, aplicándolo para almacén de utensilios de la iglesia, se cerró el pórtico principal dejando dos puertas en cada fachada del occidente, sur y norte... según refiere don Serapio Múgica.


La iglesia de San Vicente va unida a las palabras "koxkero" y "Koxkerismo", palabras a las que se dan muchos significados. En realidad arrancan de las koxkas o salientes del templo y por extensión se llaman “koxkeros" a los bautizados en San Vicente. En mi infancia, el ser koxkero tenía una cierta categoría, era como la prueba de sangre, la limpieza de origen, la quinta esencia del donostiarrismo.


Resulta curiosa la distinción que hace Inzagaray sobre los donostiarras que los agrupa en dos campos diferentes y hasta opuestos. Hay una masa, escribe, muy modesta, exornada con el rubor honestísimo, que nunca se atreve a inmiscuirse en asuntos que desembocan en lo trágico o en lo voluptuosamente terreno. A esta masa pertenece el donostiarra "lotsati". La otra parte de la masa donostiarra es orgullosa, altanera, bien portada de sus cualidades, ardiente y regatona, sin menoscabo nunca de su exhibición. El individuo de esta masa es ordinariamente el tambor mayor o el bastonero del baile de la tamborrada.


Y el citado autor quiere significar con esta comparación la diferencia de San Vicente y Santa María. El feligrés de San Vicente, escribe, es "lotsati"; el feligrés de Santa María es el bastonero. Y agrega: "San Sebastián retozaba entonces en zaragatas de cuento y en comparsas de jovialidad gascona. Es claro. Se veía desde el Cubo de Amézqueta que el gascón fumaba en pipa en lo alto del Puyuelo, es decir, en lo más lejano de San Vicente..."


Esta vieja iglesia, escribió Jesús María de Arozamena, representa el centro de la parte vieja y la iglesia en sí constituye lo más representativo del donostiarrismo. Fue el 13 de abril de 1897 cuando el Ayuntamiento dio el nombre de San Vicente a una calle de San Sebastián.


("Del San Sebastián que fue". JUAN MARÍA PEÑA IBAÑEZ)







No hay comentarios:

Publicar un comentario