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jueves, 28 de junio de 2012

Los puentes del Urumea - El puente de hierro

Cuando se proyectó a mediados del siglo pasado (XIX) la línea férrea Madrid-Irún se hizo un puente de hierro para salvar el río Urumea que sirvió al tráfico de los trenes desde 1864 a 1932. A las viejas locomotoras habían sucedido otras más modernas que desarrollaban mayor velocidad, pero que eran más pesadas. Y los convoyes también lo eran. Esa fue una de las razones que hicieron construir un nuevo puente , dejando el viejo para el paso de peatones que así podían ir de una margen a otra del río sin necesidad de usar el de María Cristina.

En la noche del 23 al 24 de enero de 1932 se llevó a cabo la sustitución del puente viejo por el puente nuevo. Se habían realizado estudios de cálculo en diversos laboratorios para construir el nuevo puente que resistiera el pesado tráfico ferroviario, así como para la operación de corrimiento de los puentes. Aquel que podríamos llamar "acto histórico" fue presenciado por un nutrido grupo de curiosos, pese a lo avanzado de la hora. Potentes focos colgados de postes iluminaban las riberas.

Después que hubo pasado el último tren ya en la medianoche, comenzaron los preparativos para hacer rodar los dos puentes. Se iba a sustituir el viejo, con su característica pared de la entrevía, por uno nuevo construido sobre pilares provisionales. Tal vez la operación más delicada fue el despegue del viejo de los pilares sobre los que se apoyaba. Para ello los obreros fueron introduciendo fuertes cuñas entre el armazón y sus cuatro bases, realizándose esta delicada labor, que desnivelaba el puente en relación a la rasante, sin suspender el paso de los trenes.

El puente viejo quedó calzado igual que el nuevo, se instalaron los rieles en sentido perpendicular a la largura de los puentes pasando por debajo; se aplicaron los rodillos para  el rodaje fácil sobre los rieles; se prepararon los cabrestantes en cada uno de los nuevos pilares y los cables quedaron tensos para atraer el puente hasta los pilares antiguos y por fin se cortaron los rieles del puente antiguo.

La distancia de los dos puentes se ajustaba a los nuevos pilares, el corte de los rieles del puente nuevo al corte que se dio en los del viejo. Y se llevó a cabo la operación más espectacular, el arrastre de los dos puentes. Para ello sobre cada pilar de los construidos últimamente se colocó un cabrestante y a una señal los cuatro equipos que servían a las máquinas de brazo comenzaron a trabajar, los puentes se pusieron en movimiento rodando sobre unos rodillos hasta que cada puente quedó en su sitio. Se ajustaron las vías, funcionaron los soldadores automáticos y los trenes pudieron poco después pasar por el nuevo puente. El viejo pesaba 210 toneladas y el nuevo 330, sien su largura 84 metros.

La operación, que comenzó a las 12 de la noche terminó cincuenta minutos después. La Compañía cedió al Ayuntamiento el puente viejo por 80.000 pesetas, construyendo aquella los machones. El municipio hizo los accesos al puente y los donostiarras pudieron usarlo inmediatamente.

(JUAN MARÍA PEÑA IBAÑEZ)








Los puentes del Urumea - El puente del Kursaal

Cuando el ensanche de Gros iba poblando de casas aquella zona de San Sebastián, proyectada pensando más en el valor del terreno que en hacer un barrio digno de la ciudad que se levantaba en la margen izquierda del río, se pensó en levantar otro puente, en la desembocadura del Urumea, en la prolongación del Boulevard. Fue también el ingeniero don José Eugenio Ribera el que hizo los planos y las obras comenzaron en el verano de 1917.
Dado el sitio en que iba a levantarse el nuevo puente, su construcción tuvo ciertas dificultades pues las mareas entorpecían el trabajo y, además, había que pilotarlo teniendo en cuenta la fuerza del mar en aquella zona. Comenzó la cimentación con grandes bloques de cemento armado que se hacían en Amara y cuando se supo que iban a ser trasladados al lugar donde se construiría el puente, un cordón de gente se acercó al río para ver cómo eran llevados. El primer "tanque” se transportó el sábado 1 de septiembre de 1917 aprovechando la hora de la marea alta. El “tanque” pasó el puente de María Cristina y como la marea no daba en aquel momento mucha profundidad al cauce, allí quedó amarrado hasta el día siguiente. Pero no hubo suerte en este primer traslado, pues uno de los obreros que intervenía en la operación cayó al agua y fue arrastrado por la corriente, pereciendo ahogado.

Al día siguiente, domingo por la tarde, cuando la gente iba a los toros a ver a “Cocherito de Bilbao”, Juan Belmonte y “Fortuna”, que lidiaban ganado de Benjumea, se continuó el traslado. También aquel día cayó al agua un obrero que fue salvado sin que se lo llevara la corriente. Pero la operación tuvo lo suyo y un periódico la describía así:

“Dos vaporcitos tiraban del “tanque”, el río estaba henchido de agua y la marcha de las noventa toneladas de cemento armado se deslizaba bien. Tras pasar por debajo del puente de Santa Cristina hubo una pequeña avería. El “tanque” quedó flotando con una amarra al muro de encauzamiento y otra al lado opuesto, es decir al paseo de Salamanca; pero estas amarras no eran lo suficientemente resistentes para impedir que las olas balanceasen bruscamente la original embarcación. Esta derivó unos cinco metros y cambió de posición y en lugar de enfilar el mar con su parte más estrecha, se colocó de través entre el estribo del puente y la punta del malecón, donde estaban echando bloques y más bloques. La situación del “tanque” zarandeado por las olas era muy crítica y al fin entró agua y lo hizo naufragar. Las paredes de cemento que pudieran llamarse laterales no resistieron la presión del agua y el tanque” o bloque se abrió, rompiéndose completamente. Y allí quedó hundido, maltrecho, desbaratando unos miles de duros y retrasando el ritmo de las obras”.

No tuvo mejor suerte el segundo bloque que fue colocado en Amara en el centro del río, pero cuando comenzaba a ser remolcado entró agua, anegándose el tanque y hundiéndose. Tras aquellas dos primeras experiencias tan desafortunadas, los días siguientes no hubo contratiempos en los traslados y las obras siguieron a buen ritmo. Y fue el domingo 14 de agosto de 1921 cuando se inauguró el puente que dijeron iba a llamarse de la Zurriola pero que todo el mundo conoció con el nombre del Kursaal, ya que fue la Sociedad Inmobiliaria del Gran Kursaal la que lo construyó y financió, ofreciéndolo después al pueblo de San Sebastián.

A la inauguración asistieron todas las autoridades de la ciudad y fue el párroco de San Ignacio, que llegó acompañado del clero con cruz alzada, quien bendijo el puente. En el centro del mismo se había levantado una tribuna y al lado una instalación donde el Ayuntamiento obsequió con un "lunch" a los invitados. Don Gregorio Odriozola, de la Sociedad Inmobiliaria del Gran Kursaal pronunció unas palabras, haciendo entrega del puente a la ciudad. Le contestó el alcalde, don Pedro Zaragueta, agradeciendo en nombre de San Sebastián la donación, elo

giando a la citada Sociedad. Acto seguido, la señora de Zaragueta (nacida Eguía), cortó las cintas que cerraban el paso al puente y éste quedó oficialmente abierto al tránsito del público. La Banda Municipal interpretó la Marcha de San Sebastián y se dispararon multitud de chupinazos. Terminada la ceremonia, todos los invitados fueron obsequiados con un "lunch".

El público invadió el puente, y el primer auto que lo atravesó fue un choche matrícula de Barcelona propiedad de don Ignacio de Torres González.

Para solemnizar la inauguración hubo en el Urumea regata de traineras, enfrentándose las patroneadas por Vaqueriza y “Bishco", venciendo fácilmente la primera. Luego hubo cucañas y durante todo el día no cesó la animación. Se celebró una verbena y no faltaron los farolillos a la veneciana, puestos de churros, horchaterías y el entusiasmo de los socios del Umore Ona, que contribuyeron a la brillantez de los actos.

Aquel domingo de la Semana Grande hubo toros, con ganado de Hernández para los diestros Luis Freg, “Valerito” y Chicuelo, y a las 6,30 de la tarde se cantó en Santa María la Salve, a la que asistió la Reina Madre Doña Maria Cristina.

JUAN MARÍA PEÑA IBAÑEZ








Los puentes del Urumea - El puente de María Cristina

Fue en 1903 cuando el Ayuntamiento donostiarra acordó construir un nuevo puente sobre el río Urumea, frente a la estación del Norte, que sustituyese a una pasarela de madera que había en aquel tramo del río.El 15 de septiembre del citado año convocó un concurso de proyectos. Los datos para el proyecto eran: distancia 88 metros entre los muelles; 20 metros de latitud del puente y 2,30 metros de altura del paseo del Urumea de la margen izquierda sobre la pleamar equinoccial. El material de los arcos debía ser de sillería, sillarejo o de hormigón armado. Si se adoptase cemento armado tenía que quedar oculto en los paramentos principales y recubierto con azulejos, mármoles u otros elementos decorativos. El presupuesto no podía pasar de 500.000 pesetas, costeando directamente el Ayuntamiento los gastos de cimentación. Se establecían dos premios, uno de 5.000 ptas.para el autor del proyecto que a juicio del jurado reuniese las cualidades de solidez, economía y belleza, y otro de 3.000 ptas. para el autor del estudio que le siguiera en méritos.(A) (B)

Se presentaron nada menos que catorce proyectos y el jurado, compuesto por don Pablo de Alzola, don Evaristo Churruca, don Enrique Gadea, don Recaredo Uhagón y don Marcelo Sarasola acordó el 5 de diciembre proponer al Ayuntamiento el proyecto presentado por el ingeniero de caminos don José Eugenio de Ribera con la colaboración del arquitecto don Julio María Zapata.

El proyecto premiado era de un puente de tres arcos escarzanos de 24 metros de luz y 1:11,4 de rebajamiento ejecutados en hormigón armado en su cuerpo y con sillería en sus frentes. El pavimento era horizontal a la altura del pase y los arranques de los arcos penetraban 0,44 metros en agua en momento de pleamares equinocciales. El presupuesto de contrata se dividía en dos partidas: presupuesto del puente propiamente dicho con sus faroles, etc. 378.694 ptas.; decoración formada por dos arcos de entrada, 120.340 ptas.

En el fallo del jurado se decía que los señores Ribera y Zapata habían sabido armonizar los preceptos de la ciencia del ingeniero con la experiencia del constructor y las galanuras del arte. "El alzado del proyecto  resulta armonioso en sus líneas generales y bello en sus detalles, habiéndose sacado el partido posible de las condiciones fijadas en el programa para darle un aspecto grande y monumental".

El presupuesto de aquel puente, con obras adicionales, era de 700.000 ptas. que el Ayuntamiento no podía invertir en aquellos momentos. Entonces surgió la Caja de Ahorros Municipal que vino a solucionar el problema financiero. La noticia de que la ciudad contaría en breve con un puente más llenó de alegría a los donostiarras. Los periódicos alababan el gesto de la ciudad, y un cronista escribía lo siguiente: "Tiene San Sebastián una institución cuyos beneficios han caído sobre el pobre y el desvalido como rocío sobre las flores, con tanta frecuencia como el agua sobre estas montañas donde es eterno el verdor de las laderas y el candor paradisíaco de sus habitantes, No hay que decir que nos referimos al Monte de Piedad y Caja de Ahorros Municipal. En cada reunión de su junta podría encontrarse motivo para un canto épico; de la importancia de la de ayer celebrada, con consignar sus acuerdos queda hecho el elogio.

Accediendo a la proposición de los individuos que forman su comisión de Hacienda, se acordó por unanimidad anticipar al municipio setecientas mil pesetas para construir el puente de Amara sobre el Urumea.(1). Y la cesión está hecha en condiciones tales, que el cabildo municipal y el pueblo de San Sebastián habrán de conservar memoria eterna de la junta que ayer se celebró".

El gesto de la Caja era que ésta no cobraría interés por el préstamo que tenía un plazo de noventa años de amortización. El acuerdo se había adoptado en la sesión del 26 de agosto de 1903.

El puente tiene cuatro obeliscos monumentales que costaron 120.340 pesetas y que fueron obra del profesor de Bellas Artes don Angel Garcia Diaz, con lo que recuerda algo al puente de Alejandro III de París, tal vez el más bello de los que hay sobre el Sena. En un principio iba a llamarse el Puente de los Fueros, pero fue bautizado con el nombre de Maria Cristina, en homenaje a la Reina Madre, benefactora de la ciudad y fue inaugurado el 20 de enero de 1905.(1)(2)(3)

Poco antes de la inauguración tuvo lugar en el Ayuntamiento la entrega de un premio de cien pesetas a los cinco obreros que más se habían distinguido en las obras del puente, premio creado por el miembro del jurado don Pablo Alzola al renunciar a los honorarios  que le correspondían como presidente del jurado. Los premiados fueron Francisco Iglesias, obrero fundidor de Madrid por su trabajo artístico de moldeo de candelabros y farolas; Angel García, también de Madrid, escultor que hizo las figuras alegóricas de la paz y el progreso  que coronan los obeliscos; Amadeo Iñurria, de Sevilla, escultor, por sus trabajos decorativos; Bautista Aguirre, de San Sebastián, cantero, por sus trabajos de cantería artística, y Jaime Benas, de San Sebastián, albañil, por sus trabajos de mármol y asiento de figuras decorativas.(1)(2)(3)

A la inauguración asistió el Ayuntamiento en corporación que llegó precedido de la banda de música con su estandarte y lujosos timbales, siguiendo los niños de la academia municipal de música y el Orfeón Donostiarra. El alcalde, don José Elósegui, representaba a la Reina Madre, por lo que la fuerza del Regimiento de Sicilia le rindió honores. Asistieron también el gobernador civil señor García Alix y el militar general Pavía. El arcipreste y párroco del Buen Pastor, don Martín Lorenzo de Urizar Zalduegui, asistido por los reverendos Irizar y Lapeira, bendijo el nuevo puente y acto seguido la banda, el Orfeón y los niños  de la Academia ejecutaron el himno del maestro Santesteban con letra del maestro Rododera, escrito para este acto. El alcalde pronunció un discurso.

En la Casa Consistorial tuvo lugar a continuación un lunch al que asistieron trescientos invitados y en el transcurso del cual hablaron los autores del proyecto señores Ribera y Zapata, el presidente del jurado señor Alzola y el alcalde. Aquella noche la ciudad presentaba un brillantísimo aspecto, pues los edificios públicos estaban iluminados y engalanados. Las bandas Iruchulo y La Unión, situadas en el paseo de los Fueros a la entrada de los puentes María Cristina y Santa Catalina, ejecutaron varias piezas. Hubo fuegos artificiales y a continuación el tradicional "cecenzusko".

En el otoño de 1984 se llevaron a cabo diversas obras en el puente, principalmente en los elementos decorativos, con un presupuesto de 130 millones de pesetas.

(Juan María Peña Ibañez)








El puente de María Cristina


Se está celebrando estos días en Madrid una exposición sobre la vida y la obra de don José Eugenio Ribera, ilustre ingeniero de Caminos, introductor del hormigón armado en España. En 1897, utilizando el sistema de Hennebique, construye el señor Ribera un puente en Ciaño (Asturias). Para ello tiene que importar cemento Portland del extranjero, lo que encarecía las obras. Convencido del porvenir que tiene el hormigón, crea una sociedad con sus hermanos y construye una fábrica de cemento en Tudela, luego otra en Quinto (Zaragoza) y en 1900 la de Añorga.

La consagración de los métodos y materias primas de don José Eugenio Ribera fue en San Sebastián, en el puente de María Cristina. Donde actualmente se halla el puente había una pasarela de madera que era insuficiente para la ciudad que iba creciendo. Entonces el Ayuntamiento convoca un concurso de proyectos al que se presentan catorce. El jurado, compuesto por don Pablo Alzola, don Evaristo Churruca, don Enrique Gadea, don Ricardo Uhagón y don Marcelo Sarasola concedió el primer premio de cinco mil pesetas al proyecto presentado por el ingeniero don José Eugenio Ribera y el arquitecto don Julio Maria Zapata. Y este proyecto fue el que se llevó a la práctica.

El puente fue inaugurado el 20 de enero de 1905, el mismo día que el nuevo muelle proyectado por el ingeniero don Alberto Machimbarrena. Se iba a llamar de los Fueros, pero en honor de l honor de la Reina Madre se le dio su por dio su nombre. Dona Maria Cristina delegó en el alcalde de San Sebastián, don José Elósegui, su representación para la inauguración, por lo que las tropas del Regimiento de Sicilia le rindieron honores en el momento de llegar al puente la primera autoridad municipal.

Muy al gusto de la época, el puente tiene cuatro obeliscos obra del profesor de Bellas Artes don Angel García Díaz que recuerdan al de Alejandro III, de Paris. Su largura es de 88 metros y su anchura de 20 con tres arcos de luz de 24 metros. Su arope construcción se había llevado a cabe cabo en un tiempo récord, once meses y la obra habia costado algo más de lo presupuestado. setencientas mil pesetas que la Caja de Ahorros Municipal anticipó a las arcas municipales en unas condiciones ventajos isimas: a reintegrar en noventa años, sin interés.

La inauguración fue solemnisima. Tras la bendición por el clero de la parroquia del Buen Pastor, pronunció unas palabras. el alcalde y luego el Orfeón Donostiarra con el coro de tiples de la parroquia y de la Academia Municipal interpretaron el himno compuesto para aquel acto por el maestro Santesteban.

La obra de Ribera, que ahora se evoca en Madrid, pasa por el: puente donostiarra de Maria Cristina.


R.M. (KOXKAS.15.06.1982)


Los puentes del Urumea

El Urumea es un río humilde, no tiene el caudal que otros ni su cuenca es tan extensa como la de muchos ríos españoles. Desde su nacimiento, en los manantiales de Leiza y Ezcurra, discurre hasta su desembocadura a través de cincuenta kilómetros de bellos paisajes, de verdes prados, de campos sembrados de maíz, con caserías y árboles y vacas. Muere en el mar y a veces las galernas del bravo Cantábrico llegan hasta el río y las olas baten el último puente y echando una capa de espuma a las aguas que metros antes eran dulces. Las gaviotas revolotean por encima de él, en las horas en que la corriente fluye mansamente, se posan en sus aguas.

Ha sido nuestro río testigo de algunos fastos históricos y lo han cruzado bastantes ejércitos en son de guerra y personajes de alcurnia, y no lejos de sus orillas la pequeña historia escribió muchos de sus capítulos.

Hasta no hace muchos años, en sus aguas se pescaban salmones, pero llegó la revolución industrial y comenzaron  los vertidos y la polución, y los salmones eligieron otros ríos para puerto de sus periplos oceánicos. Rendían viaje en el Urumea como lo siguen haciendo en el Bidasoa o en el Cares, hasta que las aguas de nuestro río dejaron de ser cristalinas y puras y los salmones abandonaron el Urumea. Ya no quedan más pescadores en nuestro río que aquellos con paciencia y tenacidad manejan la caña en los puentes en busca de corcones.

Varios puentes unen las dos orillas y dejando el de Loyola y el de Ergobia en Astigarraga, voy a escribir algo sobre los más famosos, empezando por el más dilatada historia, el de Santa Catalina. Fue antaño este puente de madera y según refiere el historiador Joaquín Antonio del Camino, tenía 224 pasos de largo y 9 de ancho."Antiguamente había en su centro una válvula que se levantaba las veces que hubiese de atravesar dicho puente algún navío y cuidaba de ello un hombre asalariado con título de pontero, a quien pagaban derechos los bajeles que subían o bajaban, y además por una Ordenanza de 1337 se mandaba que de todos los salmones que se cogiesen con redes desde la barra de Seriola o Surriola hasta el puente de la Nasa, se diese a los maniobreros del puente de Santa Catalina el diezmo de lo que valiesen dichos salmones, y lo mismo el diezmo de los mules que se matasen con redes en el puerto grande y Concha hasta Santa Clara".

Según un cronista del siglo XVII era "grande", de madera que se extendía sobre el "desemboque" del Urumea, de "gentil artificio". Se abría por el centro para que "los navíos y bajeles e pinazas entraran e salieran río arriba e mar adentro".

El entretenimiento del puente de madera dañado por los temporales era elevado, y el municipio pnsó en construir uno de piedra. En 1659 el ingeniero Cristóbal de Zumarrieta, maestro mayor en fortificaciones de Guipúzcoa, proyectó uno con pilastras de piedra. Años después el ingeniero Felipe Crame presentó otro proyecto. El puente tenía 14 ojos y los planos tienen fecha de 1757. No se construyó. Con posterioridad Joseph de Arzadun presenta un proyecto y Juan Ascensio de Chocorro otro, el primero de 5 ojos y de 9 el segundo. Tampoco se llevan a efecto. Es el arquitecto Francisco de Ibero quien hace un nuevo proyecto con 7 ojos, 6 de cantería y uno de madera. Este proyecto levantó una polémica, publicándose un folleto en contra, "Hidráulico consumado en pluma de un profesor y ciudadano de San Sebastián", al que siguió otro en el que se defendía el proyecto de Ibero, "Demostraciones justificativas dirigidas a desvanecer los errores de un Hidráulico consumado", por un arquitecto guipuzcoano. Intervienen las autoridades, llega el asunto hasta la Corte, se interesan ministros y es el Rey CarlosIII quie ordena se estudien los planos por una comisión. Pero poco después murió el Rey y el puente no se hizo.

Sobre el puente de madera pasaron en 1793 los soldados de la Convención. Estas tropas, que levantaron en la plaza Nueva una guillotina en la que decapitaron a un cura y a un desertor francés, abandonaron San Sebastián tras la paz de Basilea, dejando el puente bastante deteriorado. En 1813 el puente es destruido y hasta 1819 hubo uno provisional. Es en esta última fecha cuando se construye uno más sólido que entró en funcionamiento en 1823 y que fue destruido en 1835 por los liberales al acercarse las tropas carlistas. El general Evans mandó construir uno en 1836 y tras el convenio de Vergara se hizo otro más sólido, pero también de madera.

La ciudad pensó en serio en construir un nuevo puente y salvada la cuestión del peaje gracias a Joaquin Jamar y Maximino Aguirre, se aprobó un proyecto y en enero de 1870 se subastaron las obras comenzando la empresa de José Antonio de Arsuaga la construcción dirigida por el arquitecto Antonio Cortazar. El 23 de Junio de 1872 se inauguró y es el actual con algunas modificaciones posteriores. Tenía 127 metros de longitud de estribo a estribo y 12 de ancho, cinco arcos rebajados y cada arco tiene 23 metros de luz con 6 metros 60 centímetros de flechas. Las pilas están fundadas sobre 6 hilados de pilotes separados entre sí 80 cms. Estos pilotes están cortados a 2,90 metros de la línea de estiaje. La cimentación se construyó por pilotaje y hormigón utilizándose piedras de Motrico y caliza de Loyola. Su coste fue de dos millones y medio de reales y se dejó de cobrar el peaje que tantos pleitos había originado.

En 1911 cegaron uno de los ojos debido a las obras que se realizaron en el muro de la margen derecha del río y a la vez fue ensanchado, siendo nuevamente objeto de obras de ensanchamiento en 1924 y 1974 y desde entonces, con su calzada y andenes es uno de los puentes más anchos de España. Es un bello puente que da acceso a la principal avenida de la ciudad, la que termina en el mirador natural de la Concha.

("Del San Sebastián que fue" . Juan María Peña Ibañez)








El puente de Santa Catalina


Fue el 24 de junio de 1872. hoy hace 110 años, cuando se inauguró el puente de Santa Catalina. Con anterioridad al actual, que es de piedra y de bella factura, siempre hubo en ese lugar un puente de madera y que fue destruido y reconstruido en diversas ocasiones dando lugar a numerosos pleitos por aquello del peaje.

La primera noticia que se tiene de ese puente data de 1377 ya que en esa fecha una Ordenanza especificaba el diezmo que debían entregar del valor de los salmones que se cogieran desde la Zurriola hasta las aguas que bañaban al puente. Según el procurador donostiarra era la puente, como entonces se decía, «grande, larga y de mucha costa y sobre el mar». Hasta la Real Chancilleria de Valladolid tuvo que intervenir para determinar el tema de los peajes que tanto irritaban a quienes los tenían que pagar y con tanto ardor los defendian quienes tenían que recaudarlos. La furia del mar y la furia de los homb pues era un puente estratégicamente para el paso de ejércitos, uno en son de paz y otros en son de guerra, destruyeron varias veces el puente que tuvo que ser reconstruido.

Hubo diversos proyectos, algunos de ellos para realizarlo en piedra, pero por razones de economia o tal vez por motivos de defensa, pues era más fácil destruir uno de madera, los diversos puentes que se sucedieron fueron todos de madera, Luis Murugarren hace una detallada historia del puente y menciona los proyectos de Jaime de Siere, de Felipe Crame, de José de Arzadun, de Juan Ascensio de Chocorro, de Francisco de Ibero. todos ellos en el siglo XVIII. En la centuria siguiente y terminada la guerra de la independencia que también hizo blanco en nuestro puente, el arquitecto Ugartemendia proyectó uno en 1817 que fue construido por la viuda de Collado y que se terminó en 1826, puente que había costado casi un millón de reales mado y que fue quemado por los liberales ante ante la proximidad de las tropas carlistas. A éste sucedió otro, proyectado por Mariano Lascurain que cubrió las necesidades de tráfico momentáneamente. Este fue el último puente de madera que dio paso al actual, de piedra, de 127 metros de longitud y 12 de ancho, con cinco arcos rebajados. Su coste fue de dos millones y medio de reales y se dejó de cobrar el peaje que tantos pleitos había originado.

En 1911 cegaron uno de los ojos debido a las obras que se realizaron en el muro de la margen derecha del río y a la vez fue ensanchado, siendo nuevamente mente objeto de obras de ensanchamiento en 1924 y en 1974 y desde entonces, con su calzada y andenes es uno de los puentes más anchos de España. El proyecto del puente fue del arquitecto Antonio Cortázar y la obra la realizó el contratista José Antonio Arzuaga, abuelo de los hermanos Fernando, Francisco y Antonio Tamés. Sigue siendo un bello puente que da acceso a la principal avenida de la ciudad, la que termina en el mirador natural de la Concha.


R. M. (KOXKAS.24.06.1982)